25.10.08

Tu dedo, corazón...

A menudo pasa, en esta red caótica en la que navegamos, que buscas y no encuentras. Muy de vez en cuando resulta que buscando otra cosa te encuentras con pequeñas joyas que no esperabas o con gratas sorpresas. Así hoy posteo algo diferente: un relato erótico. Disfrútalo...

Quiero un dedo frío al tacto buscando entre mis bragas, hurgando entre mis piernas, y que ese dedo, imperativo, encuentre mi humedad, siendo ya humedad en la espera, y que, despacio, encuentre todos los huecos, todas las células esponjosas, humedecidas, y se mueva despacio, de valles a cumbres, y que poco a poco, mandón, seguro de su lugar en el mundo, caliente ya, me haga caer de espaldas, por mi deseo, y poco a poco, todavía sin prisa, me haga abrir, sólo por la persuasión de su tacto, las piernas cada vez más y que tú que lees esto sepas sin pensar cual es tu siguiente movimiento. Quiero entonces y con prisa ayudarte a quitarme las bragas, blancas, ingenuas, de algodón, quizás se queden enganchadas a mi tobillo, y tirarlas lejos sin saberlo y quiero toda tu boca acercándose con calma premeditada y olerme como a un melocotón de viña, y empezar a marcar ese gran bocado con los dientes, amagando la posibilidad del bocado, y yo en la duda del dolor, y Tú, repartiendo miedo por las células de mi boca más voraz, haciéndola piedra hirviente, lanzar de pronto una lengua tan imperativa como tu dedo y yo en esa feroz descarga eléctrica empujo con fuerza hacia arriba y Tú, fuerza de tu boca apretando y yo lanzando mis manos hacia tu humedad insinuada, escondida, encerrada y cogerla y retorcerme como una anguila hasta cogértela con la boca y mi dedo húmedo de mi boca, de tu gota primera, imperativo él, buscando mientras tus otras humedades, hurgando hasta tu lugar oscuro y buscarle los pliegues, suave y firme, decidido y tierno, y entonces, y mientras, Tú, devorando con hambre infinita y dejando el corazón del melocotón para el final, y mientras tu lengua decidida se acerca a mi nudo de placer concentrado, ese duro corazón con una almendra amarga y sabrosa dentro, la mía encuentra la boca pequeña de tu polla palpitante, la abre y la besa y busca su olor y lo devora suave, y encuentra pliegues y nervios con dedos sabios, separando el grano de la paja, desenredando nudos, y mi cuello liberándose de rigideces forzadas, se estira como un gato, hacia atrás, y coge todo y la envuelve sin prisa, sin pausa, pero con hambre, y mi dedo mojado de su propia humedad, de la mía, de la tuya, entra en ti y Tú, espejo invertido, me buscas ahí también, y no hay lenguas, no hay dedos, todo es placer húmedo y fiebre de carne hirviente y sin acabarse nunca, y no hay coño ni polla, ni dedos, ni nada, todo es placer inacabable, y ahora palpito y me mojo y te imagino, hecho todo de palabras. No quiero saber como eres ni que haces ni de donde eres. No quiero citas, no quiero encuentros, no quiero fotos, ni pelis ni nada. La fantasía está en la red, y tú ahí eres un desconocido que podría ser mi vecino, ese que no me mira, que nunca me ve, le vea yo o no. La realidad la conozco y sé qué puedo esperar de ella y está bien así. Esto es otra cosa y tiene la ventaja de poder usar las palabras que no tenemos tiempo de decir, que no sabemos, que no podemos decir. Y verdad o no, me mojo de mis propias palabras y respiro hondo y me muevo toda por dentro, como una hoja seca llevada por el viento, como masa de pan temblando al ser amasada, empujando todas las células y llamando a mi dedo, a tu lengua fuerte y viajera, a tu dedo, a tu polla, a ti, a tus palabras. A ti que no sé como eres, que no sé si me entiendes, que quizás te diviertas o quizás te rías de esto, o no, pero a quien querría palpitando, febril, buscándolo todo, y yo, febril, buscándolo todo, y enganchándonos como perros callejeros, sin miedo, sin tierra ni patria, solos en el mundo en un solo cuerpo, hidra indivisible, palpitante hasta la agonía, cambiando de lugar, de boca, de coño, de pezón, de polla, sin saber nada, sin brusquedad y ya, con muy poca calma y todas las palabras, todo es placer, mi cielo. Y así, me mojo y me mojo y mi coño tiembla y no respondo a su llamada apremiante, sino que sigo echando palabras a su necesidad, como leña al fuego, poco a poco, esperando hasta poder hablar contigo, Tú, o cualquiera que yo crea que sepa leerlas, y si eres Tú, mucho mejor, hasta que todo sea fuego y se acabe el mundo, más que nada por acabar una historia bien, aunque sea así, virtual. O por eso mismo, corazón.
por Maliae

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